Evidenciando la brevedad del texto, me veo obligado a decir algo relevante, que quede para la posteridad: "puto el que lee".

sábado, 24 de marzo de 2012

Implicancias políticas e ideológicas de ciertos discursos "críticos"



Por unos minutos parece renacer el consenso y, cuando el calendario nos avisa que se está por repetir un nuevo aniversario del golpe del ‘76, es denominador común escuchar reflexiones críticas en torno a lo sucedido durante la última dictadura militar, desde distintos grupos de comunicación y en boca de distintos periodistas . Parecería que existe un amplio consenso en la sociedad y que desde Nelson Castro hasta Joaquín Morales Solá, pasando por Mariano Grondona y Eduardo Feinmann, todos repudian el proceso dictatorial.

Pero este lugar común se deshace ni bien nos damos cuenta que los sentidos en torno a la  dictadura son múltiples y que involucran distintos posicionamientos políticos. Cuestionar aquello que sucedió y que nunca tendría que haber sucedido, no implica que exista consenso en torno al “desde donde” es elaborada la crítica, lo cual mucho tiene que ver con como entendamos lo que fue la dictadura y con los acontecimientos que la precipitaron.

En muchos discursos que tienen difusión masiva a través de ciertos medios de comunicación, el período dictatorial aparece vinculado a la idea de que el golpe del ’76 tuvo por objetivo la desarticulación de la guerrilla desplegada en la argentina principalmente en los primeros años ’70. Esta atribución de sentido esta íntimamente vinculada a la “teoría de los dos demonios”, según la cual la sociedad argentina en su conjunto habría sido víctima  del conflicto armado desatado entre dos extremismos políticos. En esta construcción de sentido, a la izquierda encuadrada en organizaciones  identificadas como “guerrilleras” ó “terroristas”, se le imputa causalmente el accionar represivo de las FFAA, las fuerzas de seguridad y las bandas paramilitares de derecha, es decir que estos grupos aparecen como “respuesta” a la violencia insurgente.

Esta teoría es falaz en tanto para fines del gobierno de Isabel Perón, la guerrilla ya se encontraba desarticulada y el objetivo del golpe no fue el de restaurar el orden, sino el de construir uno nuevo modificando la correlación de fuerzas al interior de la sociedad. El auge que vivió Montoneros en 1972-1973 y la “primavera camporista” fue seguido de un rápido proceso de erosión, producto de la dificultad de ajustar sus tácticas a la nueva situación dada por la instalación del gobierno constitucional del ’73 y por la política de represión estatal y paraestatal desarrollada por el peronismo en el poder. Desde la masacre de Ezeiza y desde el 1ro de mayo del ’74, cuando Perón les dio vuelta la cara a sus sectores peronistas en la Plaza de Mayo, las posibilidades de movilización de la guerrilla habían caído, y sus capacidades organizativas y militares habían sido desarticuladas por las bandas de ultraderecha y por la represión que ya estaba siendo controlada por los militares.

Si la guerrilla y los movimientos sociales que la apoyaban ya estaban fracturados para 1975-1976, y no representaban un peligro serio para el Estado y las agencias capitalistas argentinas, el golpe del ’76 no tenía por objetivo acabar con ella. La “lucha antisubversiva” era la manera de legitimar el golpe de cara a la opinión pública, pero los ideólogos del Golpe no lo pensaron así. Al respecto es ilustrativa esta cita del general Diaz Bessone, miembro de una de las facciones “duras” del Ejercito: “El motivo del derrocamiento del gobierno peronista en marzo del ’76 no fue la lucha contra la subversión… nada impedía eliminar a la subversión bajo un gobierno constitucional… la justificación de la toma del poder por las fuerzas armadas fue clausurar un ciclo histórico”.

Desde los inicios del siglo XX, las clases populares venían impugnando la dominación social, adoptando posiciones contestatarias y ganando espacios de participación e injerencia en la agencia estatal. El yrigoyenismo y el peronismo habían institucionalizado demandas sociales, abriendo nuevos canales de participación popular y facilitando nuevas demandas. El golpe vino a clausurar un largo proceso de inclusión y, particularmente, un ciclo de movilización que había comenzado en los ’60 y  que se había radicalizado al nutrirse por la proscripción del peronismo, la revolución cubana y el proceso revolucionario abierto con el Mayo Frances. La intención de la coalición golpista fue la de clausurar las vías de participación de las clases populares en la política nacional.


Escrito por Fernanda Soca en: http://fernandasoca.blogspot.com.ar

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